“Dejaron huellas”

  • Victor de la Hoz columnista
Victor de la Hoz |

Panamá es una nación que siempre se ha caracterizado por ser un país pintoresco  y folklórico, con ciudadanos o personajes que han hecho historia en los barrios populares, que supieron ganarse el aprecio y cariño de la comunidad, quienes se identificaban con causas sociales o brindaban un servicio para ganarse la vida honradamente.

Uno de esos panameños es la recordada dirigente comunitaria María Carter (pantalones), como se le conocía popularmente en el Barrio de El Chorrillo, apodo que se ganó, porque utilizaba siempre una vestimenta deportiva con pantaloncitos cortos y zapatillas, con una corta cabellera que era sujetada por una vincha, que combinaba con su atuendo.

Su dedicación era organizarle  actividades deportivas y la fiesta de navidad a los niños del populoso sector. No había Presidentes de la República, ministros de Estado, Diputados  o empresarios que de una forma altruista le extendieran la mano, apoyándole su acción social en pro de la niñez.

Por muchos años mantuvo esta iniciativa, que ni los quebrantos de salud impedían que llevara adelante su labor social. A pesar que dedicaba su tiempo a estos menesteres logró educar a sus hijos. Hubo otro panameño, un miembro de la Guardia Nacional conocido como “Ramoncito”, que prestaba sus servicios en el antiguo teatro Ancón (Avenida Ancón), su labor era poner era orden  y disciplina.

Se paraba en la entrada del Teatro a ver quién entra y quién salía, no era solo policía de  pito y tolete, sino  que se relacionaba con la comunidad. Hacía sus rondas a lo interno de la sala para impedir que no se registran los llamados “colaos” que siempre sus fechorías las hacían con la complicidad de algún compinche que le abría la puerta lateral. Tenía un don y  olfato para detectar a los “colaos” que inmediatamente eran sacados del teatro por la “relinga”, sin contemplaciones.

Los precios de entrada era de 10 centésimos de lunes a viernes, los fines de semana 30 o 35 centésimos, con doble tanda presentaban películas mexicanas. Para Yolanda y Aminta, eran sus películas favoritas.

Johnson, un ciudadano de  ascendencia afroantillana, un hombre con una contextura fuerte, dueño de un tono de voz que lo identificaba a distancia, cuando recorría las calles del Barrio del Chorrillo cargando en el hombro un balde lleno de limones gritando ofertando su mercancía 20  limones por un real. Este era un producto muy solicitado por las amas de casa, que tan solo escuchar el primer grito de Johnson, salían a comprar, para la chicha de limonada o condimentar un delicioso pescado.

Su aspecto era de un hombre fuerte, y  eso lo demostraba en su rostro bañado en sudor, caminaba por horas hasta culminar la venta. 

El famoso “Cheche”, un pintoresco personaje que vendía rifa con los números que jugaban en el sorteo de la Lotería los domingos, día que la familia solía comer el plato favorito: macarrones con gallina guisada. “Cheche” ofrecía como rifa un platón repleto de productos de primera necesidad, lo más curioso era que cargaba bajo el brazo una gallina, que complementaba el premio.

La gallina mostraba un agotamiento por la calor y el caminar de “Cheché” de aquí para allá vendiendo su rifa. Siempre vestía un pantalón color gris y una guayabera manga corta de color blanco, que la cargaba por fuera, en uno de sus bolsillos  colocaba el cuaderno con los números de la rifa, y los nombre de los compradores. Ese era su vivir, mi abuela Carmen era una de sus compradores frecuentes.

Mercedes y Clavillazo, famosa pareja que vendían chucherías, pero Mercedes era una mujer desbocada y con un carácter volátil, y un humor que la caracterizaba, que era mejor comprarle sin regateos, porque sino se prendía Troya. Ellos también se ganaban su sustento diario limpiando las tumbas del Cementerio Amador, y para la cercanía del día de Los Difuntos el 2 de noviembre la ganancia era sustanciosa.  

Una pareja inseparable que dependía del sustento diario. Para estos personajes populares no había obstáculo ni tormenta que detuviera su objetivo trazado, algunos por el bien de la sociedad, y otros para sobrevivir honradamente.
 

Víctor de la Hoz
vitito1753@gmail.com
Periodista
 



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